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  • Sabiduría para la práctica
  • La Sabiduría es conocimiento aplicado
  • La sabiduría se propaga ella misma

Sabiduría para la práctica

La Sabiduría es para la práctica, no para hablar de ella continuamente. Si nos limitamos a hablar de los Maestros, los Rayos y las Jerarquías, tan sólo conseguimos descuidar nuestras obligaciones presentes.

La Sabiduría es conocimiento aplicado

Cuando el conocimiento es aplicado deviene sabiduría. Solemos obtener mucho conocimiento pero tenemos que aplicarlo en nuestra vida diaria para que se transforme en sabiduría. A través de la sabiduría experimentaremos la existencia.

La sabiduría se propaga ella misma

No tenemos que estar deseando difundir la sabiduría sin trabajarla en nosotros mismos. No hemos comprendido bien si pensamos que podemos difundir la sabiduría. La sabiduría sabe como difundirse. Sólo necesita canales.

Vishvamitra

El Rey Kaushika

Vishvamitra

En la India hay un linaje familiar (gotra) llamado «Kaushika» que está muy relacionado con el primer rayo de la voluntad. La familia se remonta a un famoso rey de la dinastía Kushika, llamado Kaushika. Kaushika fue un gran rey guerrero al que ninguno de sus contemporáneos pudo derrotar. Más tarde se convirtió en uno de los más grandes videntes y recibió el nombre de Vishvamitra, que significa «amigo del universo».

Un día, el rey Kaushika se encontraba en el bosque con sus soldados, caballos y elefantes para ahuyentar a los animales salvajes a su hábitat, de modo que no invadieran los hábitats de los humanos. Cuando el rey y su gente estaban cansados y hambrientos, descubrieron el ashram del gran sabio Vasishta.

Vasishta los recibió con todos los honores que le correspondían al rey. En muy poco tiempo, proporcionó al rey y a todo su séquito la mejor comida y todas las comodidades posibles. El rey se sorprendió mucho y quiso saber cómo era posible abastecer a tanta gente al mismo tiempo y en tan poco tiempo en medio del bosque. Vasishta señaló a una vaca y dijo: «Esta es la vaca que me da todo lo que le pido». Kaushika le dijo a Vasishta: «Sería mucho mejor que esa vaca estuviera conmigo en el palacio. Sería un gran servicio para toda la nación. ¿De qué te sirve aquí, en tu ashram?».

Vasishta respondió: «Esta vaca no vendrá contigo a tu reino. Solo es para aquellos que intentan conocer la verdad y, por ello, se convierten en servidores del mundo». Kaushika replicó: «¡Yo soy el rey y tú eres un súbdito de mi reino y debes obedecerme! Debes darme esta vaca». Vasishta respondió: «Si esta vaca quiere ir contigo, puedes llevártela, pero si no quiere, no podrás llevártela».

Los soldados quisieron capturar a la vaca, pero no pudieron acercarse a ella, ya que le salían flechas por todos lados. Ni siquiera el rey Kaushika, que poseía algunos poderes celestiales, logró atraparla o atarla. Se enfureció e intentó matarla. Le disparó flechas y la vaca le devolvió flechas. Invocó armas celestiales y las utilizó contra la vaca. Pero se dio cuenta de que la vaca era mucho más poderosa que él.

Kaushika le preguntó a Vasishta: «¿Qué pasa con la vaca? La quiero». El rey quiso obligar al sabio a ordenarle a la vaca que lo acompañara, pero no pudo lograr nada. Vasishta dijo: «La vaca es el producto de mi contemplación. Estos poderes no vendrán a ti porque se han desarrollado a partir de mí. Solo permanecen conmigo. Yo puedo utilizarlos, tú no puedes llevártelos».

El rey se sorprendió: «Si realmente es así, mi poder real no es nada en comparación con el tuyo. Muéstrame cómo puedo conseguir una vaca así y ese tipo de energía». Entonces, Vasishta le enseñó el camino de la meditación. El rey era un hombre del primer rayo. Siguió el consejo de Vasishta. Para meditar, el rey cedió el reino a sus hijos y se fue al bosque. Durante muchos años realizó meditaciones muy intensas y alcanzó profundas contemplaciones. Obtuvo revelaciones y adquirió poderes espirituales. Una y otra vez quiso medirse con Vasishta para ver si tenía los mismos poderes que el sabio. Vasishta solo sonrió: «Puedes intentarlo, pero fracasarás. Continúa con tu meditación».

Así, Kaushika siguió meditando, alcanzó grandes alturas y obtuvo enormes poderes. Sin embargo, no pudo derrotar a Vasishta, porque en Vasishta no había nada que quisiera luchar y ganar. Kaushika llegó al punto en el que tocó el borde de Brahman, es decir, estaba a punto de ser absorbido en un estado de no existencia. Aquí se dio cuenta de que su instinto de querer derrotar al otro era el obstáculo decisivo. Vasishta no buscaba el poder, simplemente vivía en la ligereza del ser.

Amigo del Universo

Kaushika aprendió gradualmente a utilizar todos sus poderes para el bienestar de toda la creación. Se convirtió en un amigo del universo. Y así, los rishis le dieron el nombre de «Vishvamitra» (Vishva: universo, Mitra: amigo). Antes había sido un rey ambicioso y colérico. Tras un largo periodo de ardiente esfuerzo y aprendizaje, se convirtió en un ser magnífico. No llegó a ser un Brahmarshi, el estatus de Vasishta con el que siempre se había comparado.

Al final, Vasishta también lo apreció mucho. Vishvamitra se convirtió en un gran vidente, un Maharshi, y obtuvo el favor de la vaca: la palabra divina. Los videntes védicos dicen que la madre divina da la palabra. Toda la naturaleza colabora con aquellos que conocen la palabra. Con ella podemos ordeñar todo lo que la naturaleza nos ofrece, para el beneficio y el bienestar de otros seres vivos. La madre naturaleza se presentó ante Vishvamitra en forma de mantra, que cantamos como mantra Gayatri. Con ello, le ha dado a la humanidad una gran llave hacia la luz. Vishvamitra entregó este mantra a todos aquellos que querían llevar una vida pura, física, emocional y mentalmente.

Sri Rama

En la época en que Sri Rama, una encarnación de la ley divina, vivía en la Tierra, había un grupo de magos negros que siempre trabajaban en contra del bienestar de las personas y de la sabiduría antigua. Se les llamaba rakhasas. Siempre obstaculizaban los rituales piadosos de los ermitaños y contaminaban las ermitas. Intentaban destruir la tradición de la sabiduría ancestral y también mataban a los sabios. Los ermitaños se reunieron y pidieron protección a Vishvamitra. En su contemplación, Vishvamitra pudo ver al entonces joven Rama, de 16 años, como el maestro mundial que podría derrotar a los rakasas, proteger a las familias de ermitaños y establecer la ley divina.

Vishvamitra se dirigió al padre de Rama y le pidió que enviara a Rama con él para proteger los rituales de los ermitaños. El padre de Rama temía que el niño luchara contra los diabólicos. El vidente le dijo al rey: «Tú solo ves en él a un niño. Tu maestro, Vasishta, y yo vemos en él a un salvador del mundo. Ha llegado el momento de que trabaje. Envíalo conmigo». Vasishta también recomendó al rey que dejara que Rama se fuera con Vishvamitra. Así se desarrolló el plan.

Rama y su hermano Lakshmana siguieron a Vishvamitra. Este inició a los dos hermanos en los secretos de las armas divinas y los poderes supramentales para someter a los rakashas. Los hermanos participaron en un gran ritual de reunión de los rishis en la aldea ermitaña de Vishvamitra. Se quedaron allí y vigilaron el ritual día y noche. Fue un gran éxito y todos estaban muy contentos.

La estirpe de Vishvamitra se prolongó en la India durante mucho tiempo. En esta estirpe, el énfasis recae en el propio esfuerzo por la transformación. Se actúa de tal manera que la luz debe descender, y no se espera su gracia.

En una época posterior, el sabio Vishvamitra destruyó el clan familiar de Krishna, los Yadavas, cuando un grupo de jóvenes quiso ponerlo a prueba. Disfrazaron a un joven de mujer embarazada y le pidieron con aparente reverencia que les dijera si esa joven daría a luz a un niño o a una niña. El vidente los miró y dijo: «Sois tan arrogantes e irresponsables. Vuestro mal comportamiento ha traspasado los límites. Por eso, este niño dará a luz un trozo de hierro. Esto destruirá a vuestro grupo y a vuestras familias». Vishvamitra se sorprendió por las palabras que salieron de su boca. Pero así fue como todo el clan de Krishna, que se había corrompido, fue destruido por el poder de Vishvamitra por el bien del universo.

Lokayata - St. Germain

En la línea de Vishvamitra, en la época de Krishna también se encarnó aquel a quien conocemos en vidas posteriores como el conde St. Germain. En aquel entonces, su nombre era Munda Kaushika. Cuando tenía 12 años, decidió dedicar su vida a la ciencia de la magia. Se trasladó al norte de la India para ingresar en las instituciones mágicas secretas. Se convirtió en discípulo de Chanda Kaushika, un maestro de la magia, y se sometió a la disciplina muy estricta de su escuela. Munda Kaushika aprendía muy rápido porque tenía una gran fuerza de voluntad. A los 35 años, Munda Kaushika era un maestro del conocimiento mágico. El rey Kamsa, de Mathura, en el centro de la India, lo contrató como su maestro. Contratarse como maestro fue un error, ya que así el maestro se somete a los objetivos del alumno. Kamsa utilizó sus conocimientos y poderes contra el niño Krishna. Pero Krishna, como maestro mago, pudo evitarlo todo.

Repugnado por el mal comportamiento de su alumno, Munda Kaushika desapareció de Mathura y se fue a Nepal. Allí continuó con sus ejercicios contemplativos. Recibió la llamada para fundar una escuela basada en el pensamiento Charvaka, que rechazaba la esencia omnipresente que llamamos «Dios», y para formar a jóvenes en la ciencia de la magia. Se halagó su ego; cayó en la magia negra y en un enorme conflicto. Se convirtió en el mago Lokayata, al que el Maestro EK describe en «La Música del Alma». El contacto con el Señor Krishna lo transformó y volvió a la magia blanca.

En la escuela de Nepal, 3000 años antes de Cristo, había varios que hoy son grandes iniciados. El Maestro St. Germain, como lo llamamos hoy, y el maestro Djwhal Khul pasaron por la tercera iniciación allí con solo unas semanas de diferencia. Ambos se convirtieron en adeptos durante la vida de Krishna y fueron admitidos en la Jerarquía.

Fuentes utilizadas: K.P. Kumar: Asvins - Los Dioses Gemelos. Dhanishta Editions, Visakhapatnam, India (www.aquariusbookhouse.com);notas de diversos seminarios. La Música del Alma. The World Teacher Trust / Ediciones Dhanishtha España (www.edicionesdhanishtha.com)