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The
World Teacher Trust
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Presentación
del Libro por K. Parvathi Kumar
La administración de Negocios
Me pregunto, ¿hoy, es el hombre el que administra los negocios, o son los
negocios los que están administrando al hombre?. El hombre, está hoy
subordinado a la manera de pensar comercial y a las consideraciones empresarias
y comerciales, mientras que se supone debería de ser al revés. Los ejecutivos
de negocios piensan que ellos están dirigiendo a los negocios. Pero en realidad
ellos están siendo conducidos alocadamente por los propios negocios. ¿Quién
dirige a quién?, es la pregunta. Cuando los
novatos entran en los negocios, ¿qué ocurre?. Buenos seres humanos, entrenados
en términos de sistemas de valor, mientras estaban en la Facultad. Pero cuando
entran al campo de los negocios, ellos entran en un campo de conflictos.
Debería haber algún tipo de compromiso entre los valores que ellos han
aprendido y los valores que se aplican en el campo de la práctica. El conflicto
provoca que algunas personas se retiren de la actividad comercial porque se
encuentran perdidos. Hay otros que se pierden a sí mismos (en término de
valores humanos), y ¿ganan...?, comercialmente. Todavía existen otros que son
capaces de lograr un buen equilibrio entre los dos y no han sacrificado ni sus
valores humanos ni se han visto completamente envueltos en los valores
comerciales. Ellos son el gran experimento de la prueba y el error. Llegan a un
punto en que logran un equilibrio entre la dirección y administración del
negocio y, al mismo tiempo, el conservar ciertos valores humanos. Es muy
difícil hacer eso, porque como dije al principio, los objetivos actuales del
espiritualismo y de los negocios difieren el uno del otro. A menos que los
objetivos empresariales sean sintonizados con los más elevados valores de la
vida, esto no se hace posible. El espiritualismo es una forma de vida que trae
satisfacción, es un estado de contentamiento y de ecuanimidad y equilibrio, en
donde uno no está realmente preocupado, aún careciendo de ciertas cosas. Si Vd.
ve los motivos en los negocios, se dará cuenta que están orientados hacia el
resultado. Lo que preocupa a un empresario es la ganancia o la pérdida que tiene
al finalizar el día o el año. Así, aún en los objetivos originales, existe una
diferencia básica. Este es el de encontrar un método en donde Vd. trata de
buscar un beneficio y, al mismo tiempo, Vd. no es avaricioso ni tan celosamente
competitivo. Cuando Vd. no entra, en absoluto, en la competición, su negocio
puede sufrir. Si Vd. es celoso en la competitividad, usted sufre. Esta clase de
situación prevalece. Hay alrededor
de una docena de agencias de seguros exitosísimas en mi ciudad. Ellas vinieron
a mí en busca de consejo y guía para progresar en la vida y, al mismo tiempo,
desarrollar su negocio de seguros. Ocurrió que uno de los vendedores de una de
dichas agencias que me consultó, al cabo de un año, llegó a ser el mejor
vendedor de seguros de la región y fue invitado por el Consejo en América, por
haber logrado alcanzar la cifra de un billón de dólares en seguros vendidos. En
el mismo equipo había otro vendedor que fracasó estrepitosamente. La persona
que fue invitada a ir a los Estados Unidos atribuyó su éxito a la enseñanza que
recibió, y la otra persona que falló atribuyó su fracaso a la misma enseñanza
que recibió. Así que: ¿cuál es la diferencia?, la diferencia está en la
aplicación y en la habilidad para comprender el enfoque y acceder a él equilibradamente.
Es muy difícil sostener valores espirituales y vivir en el mundo objetivo, es
por eso que los espiritualistas en el pasado se escapaban del mundo objetivo y
trataban de experimentar su propia dicha a su modo y dieron la espalda a la
verdadera situación de la vida. Sri Aurobindo dice: “estas son las personas
que son engañadas fácilmente por sus propios errores conceptuales de
aplicación, en el sentido en que ellos se retiraron totalmente de la sociedad,
crearon una atmósfera propia, la cual era totalmente armoniosa y, así, vivieron
la vida. Ellos no fueron instrumentos efectivos en la sociedad. Estaban
prácticamente fuera de ella. Pero, nuestra filosofía nos dice que nosotros
deberemos lograr tener la cabeza en el bosque y nuestros manos en la sociedad”.
Lo cual quiere decir que..... debemos ser desapegados en nuestros pensamientos
y, al mismo tiempo, funcionar aquí de manera efectiva, de modo que seamos
instrumentos positivos para ayudar a algunos de aquellos que viven en
conflicto. Esta es un situación difícil pero ahora, cada vez más, la dirección
empresarial está reconociendo esta filosofía. El conflicto
en los negocios de hoy, lentamente tiende a métodos más avanzados para ayudar a
los empresarios a estar más libres de tensión. Cada director-ejecutivo podría
ser un diabético, o un paciente hipertenso o cardíaco. Cualquiera de estas tres
enfermedades es muy común entre los hombres con responsabilidades en los
negocios. La dirección y administración, en sí misma, implica resolver
conflictos reconciliando puntos divergentes, y cumplimentar los objetivos
prefijados, utilizando estrategias, tácticas y habilidades. El ser humano es
puesto a prueba en los más altos niveles de dirección y, al cabo de veinte
años, es como una naranja totalmente exprimida, mientras gana reputación como
hombre de negocios. Y en el proceso, puede haber perdido muchas otras facetas
valiosas de la vida. Puede haber perdido su propia salud, terminando así su
utilidad. Un ataque cardíaco por ejemplo, lo coloca fuera de la carrera por el
progreso. Él va sufriendo tensiones a lo largo de sus veinte años de carrera,
eso conlleva sus propios resultados. Esta producción de resultados coloca al
hombre ante alguna clase de tensión. Por eso es que uno de los conceptos
fundamentales del espiritualismo es: “Trabaja, pero no anheles los
resultados”. Aunque, este concepto es muy difícil de comprender en el
contexto moderno. ¿Cómo puede uno trabajar sin anhelar los resultados?. Esta es
una pregunta común, que siempre se formula cuando uno se encuentra con un joven
que está naciendo a la vida. Para él eso es cierto, pero si Vd. le pregunta a
un director-ejecutivo que ha venido estando durante 30 o 40 años de manera
intensa en el "ruedo" de la dirección, le dirá: “Al diablo con los
resultados, siga trabajando, interésese en su propio trabajo y los resultados
le seguirán”. Hay dirigentes que también actúan de esta manera. Así, ¿quién
está en lo cierto y quién en el error?. Al igual que para los dos agentes de
seguros mencionados antes, es nuestra propia madurez en la comprensión y su
aplicación la que decide qué hacer y qué es lo correcto. Hay gente que
dice que a menos que nosotros hagamos las cosas, las cosas no se mueven. Hay
otros que dicen : “Las cosas ocurren”. Los eventos alcanzan nuestras
actividades y nosotros nos podemos relajar mientras el actuar se transforma en
hechos. Para la primera teoría la segunda es una paradoja, pues no comprende la
explicación. Las afirmaciones de las Escrituras Sagradas tampoco son bien
comprendidas por la misma razón. Si no son comprendidas es por falta de
entendimiento y falta de experiencia en la vida. Para dar un ejemplo, cuando
Vd. aprende a conducir, al principio, está muy alerta en su conducción. Sus dos
pies conducen, sus dos manos conducen, sus dos ojos conducen, sus dos oídos
están tan pendientes, que Vd. no desea que su esposa, que se sienta junto a Vd.
mientras conduce, le hable, pues no desea ser interrumpido al conducir. Si ella
habla, Vd. puede perturbarse, y producirse así algún accidente, o algo
desagradable. Está tan absorto en su conducción que “siente” que no le importa
nada excepto conducir, no puede pensar siquiera en escuchar algo de música, o
hablar con sus amigos o a los miembros de su propia familia en el coche. Pero,
lentamente, a medida que va ganando experiencia al conducir, digamos al cabo de
10 años, ¿que ocurre?. Que mientras va conduciendo, también va escuchando
música y los chistes que le cuenta su acompañante en el coche. ¿Cuál es la
diferencia?. ¿Está o no conduciendo?. Él está
realmente conduciendo, pero a la vez no lo está. Lo está haciendo, pero no tan
concentradamente como antes, pues ha ganado la experiencia ante la continua
aplicación del conducir. Hasta que no hemos alquirido esta facilidad, estamos
realmente en tensión. Cuando se logra esa facilidad de hacer, lentamente se
libera la tensión, y vemos así cómo se suceden los acontecimientos. El
sentimiento o sensación de hacer se reduce. Es sólo el sentimiento el que
estimula la tensión no el trabajo como tal. Si usted desea adquirir éste o cualquier otro libro de la World Teacher Trust, diríjase por favor a una librería o a los Direcciones indicadas.
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